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  • Diario Digital | martes, 30 de noviembre de 2021
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“¡Es la economía, estúpido!” Por: Ángel Luis Jiménez

IAM/ALJ . Esta frase que le dirigió Clinton a Bush en las elecciones de 1992, vuelve a estar de plena actualidad cuando los gobiernos como el de Rajoy tienen como única obsesión los recortes presupuestarios para rebajar la deuda, dejando en desuso otros instrumentos de reactivación económica más eficaces. Pero lo más sorprendente es que esa “gente tan seria" del Gobierno este dispuesta a reconocer que se han equivocado.

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“¡Es la economía, estúpido!” Por: Ángel Luis Jiménez
En las elecciones norteamericanas de 1992, Bush era considerado imbatible por la mayoría de los analistas políticos, fundamentalmente por sus éxitos en política exterior, su popularidad alcanzó el 90% de aceptación, un récord histórico. En esas circunstancias los estrategas de la campaña electoral de Bill Clinton señalaron que su campaña debía enfocarse sobre cuestiones más relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades inmediatas: “el cambio, la salud y la economía, estúpido”. Esta última frase “La economía, estúpido” se convirtió en una especie de eslogan no oficial de la campaña de Clinton, que resultó decisiva para modificar la relación de fuerzas y derrotar a Bush, algo impensable poco antes.Pues bien, la frase de Clinton “¡Es la economía, estúpido!” dirigida a Bush, vuelve a estar de plena actualidad cuando los gobiernos como el de Rajoy tienen como única obsesión los recortes presupuestarios para rebajar la deuda, dejando en desuso instrumentos de reactivación económica y provocando una contención de las inversiones, lo que supone un retraso en la recuperación de la economía española con respecto a sus socios europeos. Y aunque Rajoy y sus ministros económicos Cristóbal Montoro y Luis de Guindos nos digan lo contrario, lo cierto es que no hemos salido de la crisis, del paro, del déficit público y de la deuda pública que siguen estando entre nosotros.Este retraso en la recuperación de la economía es muy palpable en los indicadores de pobreza, desigualdad o desempleo -Bruselas cree que la tasa de paro no bajará del 20% hasta 2017, una tasa solo superada por Grecia-. El estallido de la burbuja inmobiliaria tuvo como consecuencias un déficit público elevado (11% del PIB), una intensa destrucción de empleo temporal (tres millones de puestos de trabajos perdidos), y más créditos de dudoso cobro en la banca. Esto ha provocado la pérdida de la convergencia de España con Europa. Según la Comisión Europea, el PIB español no recobrará su nivel de actividad de 2008 hasta 2017, más de nueve años después. Y la renta por habitante de 2014 es ahora similar a la de 2002.La idea de las elites políticas europeas de solo preocuparse por el déficit presupuestario y no por el paro, que ha sido aceptada como prioritaria por Rajoy y el Gobierno del PP, han  provocado justo el efecto contrario de aquello que se nos decía “los recortes del gasto harán aumentar la confianza de los consumidores y de las empresas y esa confianza estimulará el gasto privado con lo que se compensarán los efectos depresores de los recortes del sector público”, pero el hada de la confianza nunca hizo acto de presencia.

Y cada vez hay más pruebas de que el Gobierno de Rajoy subestimó lo destructivo que sería el giro hacia la austeridad. Ahora se dan cuenta de que las políticas de austeridad no solo nos hicieron perder empleo y producción a corto plazo, sino que también lo han lastrado a largo plazo.La amarga ironía de esa historia es que esta política catastrófica se aplicó, según decía Rajoy, en nombre de la responsabilidad a largo plazo, y quienes protestaron por este rumbo erróneo fueron tachados de irresponsables. Una conclusión se puede extraer de esta catástrofe económica: Pedir sacrificios (a los demás, por supuesto) no significa que se sea responsable. Y, sin embargo, qué poca gente, y entre ellos Rajoy, sus ministros y sus economistas, están dispuestos a reconocer que se han equivocado en algo. Parece más que probable que toda esa “gente tan sería” y que jaleo y defendió esas políticas tan desastrosas, de hecho la deuda ha terminado siendo más alta de lo que habría sido sin los recortes, no hayan aprendido nada de esa experiencia. Por eso, habrá que decirle a Rajoy como a Bush: “¡Es la economía estúpido, es la economía!”, que no te enteras.  

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