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  • Diario Digital | viernes, 25 de septiembre de 2020
  • Actualizado 14:38

Golpe de Estado a la catalana. Por: Ángel Luis Jiménez

IAM/ALJ En Cataluña se está desarrollando un golpe de Estado a la catalana, que no es el golpe revolucionario clásico ni el fascista, aunque el objetivo es el mismo la toma ilegal del poder por una facción que forma parte de las instituciones del Estado como es la Generalitat.

Golpe de Estado a la catalana. Por: Ángel Luis Jiménez
IAM/ALJ En Cataluña se está desarrollando un golpe de Estado a la catalana, que no es el golpe revolucionario clásico ni el fascista, aunque el objetivo es el mismo la toma ilegal del poder por una facción que forma parte de las instituciones del Estado como es la Generalitat.

Para este golpe de Estado, la CUP y el Gobierno catalán han copiado los dictados del estadounidense Gene Sharp. Una “guerra abierta”, pero de violencia limitada, contra el Estado español y cuyo objetivo final es la declaración unilateral de independencia (DUI).Gene Sharp es un escritor, filósofo y politólogo estadounidense abanderado de la lucha no violenta contra el poder, y teórico de las estrategias que preconizan que el Estado se queda sin poder si los ciudadanos no obedecen las órdenes de los líderes de esas estructuras.Siguiendo esa consigna, tanto la Generalitat de Cataluña como los partidos que la apoyan, y especialmente la CUP, iniciaron hace tiempo una estrategia para poner en marcha sus recomendaciones y hacer tambalearse al Estado español creando la tormenta perfecta de la que surgiese la república catalana independiente.Puigdemont tomó prestado del norteamericano la aplicación de uno de sus puntos cruciales: “Establecer la doble soberanía y gobiernos paralelos”. Por eso desde la Generalitat se ha insistido machaconamente en que hay “dos legitimidades”: la de las leyes vigentes y la de las leyes suspendidas por el TC, cuando jurídicamente esa es una dicotomía falaz.El texto de Sharp recomienda como alternativas a la desobediencia el “cumplimiento lento y renuente” de las órdenes, la no obediencia, pero “sin escándalo, sin publicidad, con discreción”, justo lo que hicieron los Mossos d´Escuadra y parte de los funcionarios del Estado en Cataluña durante el 1 de octubre y la víspera.Al mismo tiempo, se han ido recrudeciendo los mecanismos que Sharp recomienda, como el “boicot social” hacia grupos sociales para inducirlos a que se unan a la resistencia, y la organización de huelgas estudiantiles, como ya hicieron el martes pasado hasta con niños de primaria (el sector estudiantil está controlado por los independentistas a través del Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans).En la estrategia de Sharp se cuentan también otras acciones, que van desde cartas de apoyo a declaraciones de organizaciones, formalización de grupos de presión, ostentación de banderas (esteladas) y ruidos simbólicos con silbatos, matracas, cacerolas o campanas. Los escraches. Y, por supuesto, las grandes concentraciones ciudadanas con cientos de miles de personas en la calle.Hay más, el repudio verbal a los disidentes (como se ha hecho con Serrat, Marsé o Coixet por haberse posicionados contra el referéndum ilegal), o las vigilias nocturnas (“con guardias constantes, largas y prolongadas” en colegios o institutos), las concentraciones, manifestaciones, desfiles, y las caravanas automovilísticas (como las tractoradas realizadas durante la última semana).En toda esta operación han tenido una vital importancia los comités de defensa del referéndum (CDR), una especie de milicias urbanas (y similares en su composición a los comités de defensa de la revolución de Cuba) que, bajo el visto bueno del Gobierno catalán, han sido utilizadas como tropas de choque “populares”. Según la CUP seguirán operativas durante el periodo constituyente y posteriormente, el tiempo que sea necesario, aunque bajo nuevas formas que por ahora son imposibles de prever.Los CDR son la estructura de autodefensa de la CUP para vigilar el desarrollo de la hoja de ruta hacia la independencia. Están formados por diversos movimientos alternativos y sociales como Ómnium Cultural y la Asamblea Nacional de Cataluña. Y también se han integrado en ellas muchas organizaciones alternativas, anarquistas y de jóvenes, convirtiéndose en comandos de la CUP, que actuaran cuando la situación lo requiera.A Puigdemont se le ha ido de las manos la situación, pues en estos momentos la calle es de los radicales de la CUP, que están muy alejados del espíritu del ciudadano catalán que cree en la democracia y en las urnas.  Y más alejados aún del “seny” de la sociedad civil catalana (traducido al castellano por “sensatez”, “cordura” o “sentido común”). Por eso hoy, 8 de octubre, la sociedad civil de Cataluña ha convocado a la mayoría silenciosa para salir a la calle con un lema: “Basta ya. Recuperemos el seny”La CUP necesita tensión para la declaración unilateral de independencia (DUI). Así que se debería rebajar la tensión y volver a la legalidad y al reconocimiento del otro para establecer algún tipo de diálogo no sectario. Y eso pasa porque el Gobierno de la Generalitat no acepte que la ley de la calle la impongan los radicales, pues es un arma de doble filo, que se les puede volver en contra en cualquier momento, y que pagaremos todos.Al final la solución a este grave problema a este proceso de ruptura solo llegará cuando se asegure el “orden constitucional”, la vigencia del Estado de Derecho y el autogobierno de Cataluña con el Estatut, y eso exige el diálogo entre Rajoy y Puigemont. Porque la gente, el pueblo, quiere la paz, la convivencia y el diálogo.