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  • Diario Digital | domingo, 01 de noviembre de 2020
  • Actualizado 02:10

¿Hablamos? Por: Ángel Luis Jiménez

IAM/Redacción El camino hacia la independencia trazado por un sector tan radical e intransigente de la sociedad catalana como la CUP -que quiere convertir a Cataluña en una nueva Cuba Mediterránea-, pasa por ignorar tanto la jerarquía habitual de las leyes como las mayorías reforzadas necesarias (dos tercios) para cualquier cambio constitucional.

¿Hablamos? Por: Ángel Luis Jiménez
¿Cómo se puede pensar que una república nacida con semejantes bases se volverá el 2 de octubre respetuosa con la ley y el Estado de Derecho? España no es un Estado fallido como dicen los nacionalistas e independentistas catalanes, sino un Estado social y democrático de Derecho, que puede y debe mejorar sus pensiones (manteniendo la caja única de la Seguridad social), optimizando su sanidad, educación y empleo, pero sobre todo eliminando  la corrupción y el amiguismo que, desgraciadamente, impera en muchas Comunidades de España, pero también en la Cataluña del tres por ciento.

 Creo que el ciudadano medio no conoce el enorme grado de descentralización existente en nuestro país, en los sistemas de sanidad, educación o empleo, controlados por los servicios autonómicos y, por supuesto, de los de Cataluña. En sanidad el presupuesto del Estado son 4.000 millones de gasto, frente a las comunidades que controlan 55.000 millones. En educación el Estado controla 2.500 millones de euros, que se gasta casi integro en becas, frente a los 35.000 millones que controlan las autonomías.

 El pensar, que, por ejemplo, un pequeño aumento de  competencias en sanidad, educación o empleo llevaría a un giro copernicano de las políticas sanitarias, educativas o de empleo que ya controla el Govern de la Generalitat parece desafiar toda lógica, como encerrarse cada vez más en historicismos, particularismos y etnicismos conducirían hacia un aislamiento para Cataluña, que sería precisamente lo opuesto a lo que dicen. Pero, además, un camino imposible en la situación actual.Romper este Estado, burlando el necesario respeto a la ley, supone incurrir en enormes riesgos para todos en un mundo demasiado incierto.

La alternativa es hablar, pactar y trabajar desde el día 2 de octubre con los que en España, ya sean de derechas, centro o izquierda, quieran cambiar este país para que tengamos un Estado de Derecho que sea modelo de convivencia, con unas  instituciones más modernas y un estado de bienestar más sólido y  mejor en sanidad, educación y empleo. Y es posible. Pero tenemos que hablar. ¿Hablamos?