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  • Diario Digital | domingo, 26 de enero de 2020
  • Actualizado 08:53

Un país paralizado.Por: Ángel Luis Jiménez.

IAM/ALJ En la prensa leo que los diputados del Congreso se felicitaron las fiestas en el último pleno del día 13 de diciembre porque hasta febrero no vuelven a la actividad habitual, ya que enero es inhábil. Lo dice la presidenta Ana Pastor.

Un país paralizado.Por: Ángel Luis Jiménez.
IAM/alj En la prensa leo que los diputados del Congreso se felicitaron las fiestas en el último pleno del día 13 de diciembre porque hasta febrero no vuelven a la actividad habitual, ya que enero es inhábil. Lo dice la presidenta Ana Pastor.

Y la verdad es que no lo dice solo ella, lo establece la Constitución en su artículo 73.1, “los periodos de sesiones son de febrero a junio y de septiembre a diciembre”. Si se hace la cuenta, el congreso no tiene sesiones en los meses de enero, julio y agosto, pero si en diciembre. Y este no es precisamente un tema que salga cuando se habla de reformar la Constitución para mejorarla. Así que el Gobierno de Rajoy está este mes y medio en su estado ideal: no gobernar, no reformar y no impulsar políticamente acuerdos necesarios en un gran número de temas que por su propia naturaleza requieren amplios consensos de carácter transversal. Y el PSOE, principal partido de la oposición, lejos de proponerse como alternativa, solo aspira a minimizar sus derrotas. Mientras, Ciudadanos sigue conformándose con desgastar al Gobierno desde el asiento de atrás. Y Podemos, con su postureo izquierdista y revolucionario, sigue empeñado en cambiar el sistema en vez de mejorarlo, pues desde hace tiempo ha abandonado todo intento de lograr cambios tangibles que beneficien a sus votantes, en su inmensa mayoría jóvenes cuyo futuro de precariedad y desigualdad desatienden. Ni hacen valer los intereses de sus representados ni logran acuerdos que los beneficien.El Parlamento, lejos de haberse visto revitalizado desde las últimas elecciones, se ha convertido en el foco de una parálisis que daña la legitimidad de nuestro sistema político.

Un ejemplo claro es el bloqueo del plan de ayuda al empleo juvenil, dotado con 500 millones de euros, y que podría beneficiar con 430 euros mensuales a 800.000 jóvenes. Un sangrante ejemplo más de los brutales costes de esta parálisis. La democracia se legitima, ante todo, por los resultados. Y los resultados de nuestra democracia son, cada día que pasa, más escasos. España no puede permitirse otro año de parálisis y anquilosamiento dejando los grandes problemas desatendidos. Así que es urgente recuperar el pulso político y la pulsión por el acuerdo, si no queremos que el país y su Gobierno siga parado o ausente, como ha ocurrido con los ministros de Fomento, Interior y la DGT en el temporal de nieve de estos días.