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  • Diario Digital | martes, 30 de noviembre de 2021
  • Actualizado 07:13

Yo también estuve allí.Por: Ángel Luis Jiménez

IAM/ALJ Diálogo, diálogo y diálogo es la postura inteligente para poner fin a la escala de tensión que se vive en la zona y facilitar la convivencia y una relación de buena vecindad entre Gibraltar y la Comarca. El dialogo es la única posibilidad que tenemos españoles y británicos, gibraltareños y campogibraltareños para encontrarnos y resolver nuestros eternos problemas.

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Yo también estuve allí.Por: Ángel Luis Jiménez
Yo también estuve en la conferencia del exministro Miguel Ángel Moratinos, el día 14 de septiembre en los salones del San Roque Club. No me considero un traidor, ni un desleal o antipatriota, ni siquiera estoy avergonzado como le gustaría a nuestro alcalde-diputado Landaluce. Si quiero saber y posicionarme sobre algún tema, primero tengo que escuchar. Landaluce no solo demostró su falta de educación y cortesía a un visitante que venía a dar una conferencia sobre Gibraltar, sino que hizo lo necesario para que los concejales del Ayuntamiento de Algeciras no pudieran asistir al acto, guardándose las invitaciones que había recibido de su homónimo de San Roque. ¡Qué ruin! ¡Qué mal estilo!Los dirigentes del PP, como es habitual, llegan a conclusiones sin escuchar a los que hablan, y Moratinos habló con argumentos sobre su sueño de un Gibraltar español aceptado por los yanitos. Y hasta piropeó a sus antecesores Marcelino Oreja y Josep Pique, rivales de partido, por intentar buscar con imaginación nuevas fórmulas para romper la falta del diálogo en el contencioso de Gibraltar.  Su vía era la cosoberanía, aunque ambos en sus negociaciones con los titulares del Foreign Office británico reiteraban por escrito que al término de las negociaciones debería quedar plenamente salvaguardado los intereses de los gibraltareños.En su conferencia Miguel Ángel Moratinos habló de la historia del contencioso de Gibraltar, leyó textualmente alguno de los párrafos más significativos de los Tratados y Acuerdos de esa historia y comentó lo acordado en las diferentes negociaciones. Nos contó cómo fueron y cómo se preservaron los derechos de todos, incluidos los gibraltareños. Para terminar reivindicó el Foro Tripartito -tras los cuatro años de fracaso continuado de las políticas del ministro García-Margallo- como fórmula para romper la falta de diálogo, demostrando que sus acuerdos para nada supusieron una renuncia a las históricas reivindicaciones españolas. Pues lo que hace falta en este contencioso es diálogo, diálogo y diálogo, porque hablando es como se  entiende la gente.Tengo claro que Landaluce hizo de nuevo el ridículo con este tema. Con su ambición de ser el ministro de Asuntos Exteriores de Algeciras, desatendió sus responsabilidades como primer edil algecireño, que es lo que le corresponde -como ejemplo, su viaje a la Argentina para solidarizarse con la reivindicación de los argentinos sobre las islas Malvinas-. Para colmo se alinea con las tesis castiellistas -cierre de la Verja-, que tanto daño hicieron a la reivindicación española sobre el Peñón. Landaluce ha participado activamente en el fracaso de la disparatada política del PP en el contencioso de Gibraltar y sostiene la política de tensión que se vive en la zona. De hecho,  en estos días has sacado a pasear en los medios de comunicación, que mantiene, su retahíla de insultos y descalificaciones que acostumbra a emplear contra todo y todos los que no piensan como él en relación a Gibraltar.Cada día veo más claro que el contencioso de Gibraltar no es un problema a resolver, sino un problema a disolver. No se puede estar castigando una comarca como el Campo de Gibraltar durante los últimos 300 años porque durante este tiempo los mandatarios españoles no hayan sido capaces de resolver el contencioso de la soberanía, demostrando además su incapacidad e ineptitud para resolver un problema actual con soluciones de hace tres siglos. El peso de la historia marca, pero la vida sigue y, al margen de la soberanía, la relación con Gibraltar debe ser una relación de convivencia moderna, de acuerdo con los tiempos y con el sitio donde vivimos, la Unión Europea. Creo que los campogibraltareños nos merecemos ya un respiro.  

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