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El 155 era inevitable. Por: Ángel Luis Jiménez

Carlos R | 29 de octubre de 2017

IAM/ALJ Esta madrugada el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba los decreto aprobados por el Gobierno ayer en Consejo de Ministros con las medidas que aplicará en uso del artículo 155 de la Constitución, y como respuesta a la declaración unilateral de independencia aprobada por el Parlamento de Cataluña.

IAM/ALJ Esta madrugada el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba los decreto aprobados por el Gobierno ayer en Consejo de Ministros con las medidas que aplicará en uso del artículo 155 de la Constitución, y como respuesta a la declaración unilateral de independencia aprobada por el Parlamento de Cataluña.

 

El ejecutivo ha aprobado cinco reales decretos con el aval del Senado para intervenir la autonomía catalana que despliegan una batería de medidas para tomar el control de Cataluña. Estas son algunas de las más importantes. Una.- El cese de todo el ejecutivo catalán, disolución del Parlamento de Cataluña y convocatoria de elecciones autonómicas para el 21 de diciembre.Dos.- Los Mossos pasan a depender del Ministerio del Interior y se destituye a su director general, Pere Soler, y se cesa al Mayor de la policía autonómica, Josep Lluís Trapero.Tres.- Se cierran las nueve oficinas que la Generalitat tiene en el extranjero, que funcionan como embajadas catalanas, a excepción de la que hay en Bruselas.Cuatro.- Se suprime el Consejo Asesor para la Transición Nacional, creado en 2013 para asesorar en el camino a la independencia, y el Consejo de Diplomacia Pública de Cataluña, conocido como Diplocat.  El BOE publica la convocatoria de elecciones en Cataluña para el jueves 21 de diciembre, el primer día posible tras cumplir los plazos marcados por la ley electoral. Dentro del desgarro que supone el 155, dentro del desastre que estamos viviendo, la decisión es osada y no parece la peor; desde luego es mejor que una intervención prolongada del autogobierno catalán, como pretendía una gran parte del PP.Las dudas ahora son otras. La principal es si en estas elecciones autonómicas participarán los partidos independentistas que este viernes han declarado la República de Cataluña. Si lo hacen, estarían asumiendo la irrealidad de su DUI. Si no lo hacen estarán renunciando para los próximos cuatro años a la política institucional, y dejarían un mapa social aún más difícil de reconducir.Por ahora nada han dicho ERC, el PDeCAT y la CUP. Tampoco si todos sus líderes lo podrán hacer, porque una de las medidas que el Gobierno acaba de firmar es la disolución del Parlamento. Esto significa que los diputados independentistas -y también todo el Govern- ya no están aforados. Se produjo el esperado choque de trenes, pero este no ha terminado. Ahora hay que aplicar las medidas decretadas para evitar la ruptura y sedición de la proclamación unilateral de independencia. Todas las medidas son legítimas y constitucionales, pero descriptivas de una emergencia nacional que trastorna todas nuestras comodidades y certezas. El desafío para el Estado no consiste en la redacción de las medidas o en los decretos aprobados y publicados en el BOE sino en la capacidad para poderlas aplicar. No es igual formalizar el 155 que ejecutarlo, tanto por la rebeldía de la calle como por el posible sabotaje de los partidos independentistas ERC, PDeCAT y la CUP y sus comités de defensas del referéndum.El Estado español, tan limitado en su músculo, en su esclerosis funcionarial y en la cesión de competencias, apenas tiene terminales en Cataluña. Y ahora aspira a desarrollarse, a expandirse en un territorio hostil a su mandato como gobierno en funciones para Cataluña. Esto en el “relato” catalán se va a vender como una ocupación, y puede provocar una épica de resistencia catalana de los elementos políticos más radicales.El porvenir de España y de la UE está en juego con esta deriva soberanista, lejos de toda retórica y cerca del borde del abismo. Y estremece asomarse a ese vacío. Por eso me resulta impropio aceptar a aquellos que se sienten contentos y orgullosos de las medidas tomadas por unos y otros. Pero la mesura y el pragmatismo no estaban aportando cordura al proceso independentista catalán. Así que el 155 era inevitable, y esperemos estar más cerca hoy que ayer de la razón.

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