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Separatismos y egoísmos un año después. Por: Rafael Fenoy Rico

Carlos R | 14 de octubre de 2017

IAM/RFR Esto de “hágame un país a mi medida” es algo que desde el inicio del capitalismo se desarrolló de manera espectacular y muy especialmente cuando los grandes imperios coloniales quebraron después de dejar en los campos de batalla de la primera guerra mundial millones de muertos. 

IAM/RFR Esto de “hágame un país a mi medida” es algo que desde el inicio del capitalismo se desarrolló de manera espectacular y muy especialmente cuando los grandes imperios coloniales quebraron después de dejar en los campos de batalla de la primera guerra mundial millones de muertos. 

 

La segunda guerra también iba de lo mismo y en este caso el movimiento inverso del Reich alemán, buscando la reconstrucción del antiguo imperialismo germano, llevó al holocausto al mundo exacerbando las más bajas pasiones de la siempre frágil condición humana. El exterminio por razón de religión, etnia o nacionalidad se impuso a la lógica de la fraternidad, de la cooperación, de la unidad. Por ello hablar de separatismos basados en nacionalismos huele tan añejo que da arcadas. Y el pueblo, ese pueblo al que se le atonta con canciones independentistas acaba sucumbiendo a los encantos de “solos mejor para nos”.  Ya que el razonamiento es de tal simplicidad que asusta que exista quien se  lo crea. Por ejemplo “España nos roba”, o “pagamos más estando dentro que fuera”, o   “Madrid dirige nuestros destinos”… Al final un grupo de listos empresarios y políticos, o mejor dicho políticos empresarios, que no les gusta compartir, se apropian la tarta de los beneficios esquilmados al pueblo catalán. Escenifican ante el pueblo, cual si de una partida de naipes se tratara, una lucha en la que cada grupo apuesta a quedarse con todo el poder político y económico de Cataluña. Pero esconden la más que indiscutible verdad y es que en la economía global eso es imposible, ya que al final son intereses globales los que se reparte globalmente el pastel dejando las migajas para políticos independentistas que de esta forma tendrán algo de más sueldo y algunos sillones más para disfrutarlos. Hace un año  ya extrañaba que exponentes de la talla del empresario catalán Artur Carulla que dirige el holding familiar Agrolimen, que controla el grupo alimentario Gallina Blanca, la empresa de alimentación animal, cadenas de comida rápida como Pans & Company o Bocatta, así como otras más, se manifieste tan imprudente como abiertamente a favor del independentismo catalana. ¿O no? Ya que como buen empresario sabe hacer cuentas y las posibles pérdidas en el mercado español, por un posible boicot a los productos y marcas que comercializa, estarán más que compensadas con la exportación a países extranjeros. Se supone que también están hechas las cuentas de cuanto IVA se obtendrá en Cataluña si se produjera la desconexión con España. También hace un año se conocía que empresarios como Salvador Alemany (Abertis), Josep Oliu (Banco Sabadell), Amancio López (Hotusa)… todo el sector bancario incluyendo los grandes catalanes Sabadell y Caixa no estaban contentos con desconectarse. Ahora hasta la banca catalana dice que NO a la desconexión, por lo que no parece que las cuentas estén bien hechas, poniendo de manifiesto que al fin y al cabo, a quienes mandan en Cataluña les importa un pimiento, el bienestar del pueblo catalán, ya que siempre hay mucho de egoísmo es esto del separatismo. Esta guerra de “capitalistas” no sorprende. La pregunta es ¿Cómo es posible que este egoísmo rotundo, que fundamenta el separatismo, sea apoyado por mentes y corazones que dicen vivir la fraternidad y la solidaridad? Fdo Rafael Fenoy Rico

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